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Jack o’lantern

Es común hablar de Halloween y lo primero que se te pasa por la cabeza son las calabazas iluminadas y espíritus de los muertos. Pero ¿De dónde viene la idea de la calabaza iluminada con un rostro terrorífico? Pues os voy a contar la historia de Jack, un irlandés que terminaría convirtiéndose en una leyenda a través de los años.

Cuenta la historia que Jack, un astuto y pendenciero irlandés, huía de unos aldeanos a los que había robado, cuando se encontró con el diablo, quien le dijo que había llegado el momento de su muerte. Sin embargo, Jack que era conocido por su ingenio, retrasó su suerte tentando al diablo a castigar a los aldeanos que le perseguían convenciéndole que eran fieles a Dios. Para ello, instó al diablo para convertirse en moneda, con la cual pagaría por los bienes robados. Después, cuando la moneda (el diablo) desapareciera, los aldeanos se pelearían entre sí para averiguar quién la había robado. El diablo, satisfecho con el plan, accedió y se convirtió en moneda de plata que Jack guardó en el saco, solo para encontrarse con una cruz que también había robado. Jack cerró bien la bolsa y privó al diablo de sus poderes, y así lo atrapó. -¡Déjame salir!- Gritaba el diablo. Pero Jack llegó a un trato con él a cambio de su libertad, que era que jamás se llevaría su alma al infierno. El diablo, sin opción a elegir otra cosa, aceptó y le hizo la promesa, dejándolo salir de la bolsa y marchándose cada uno por su lado.

Jack o lanternAños más tarde Jack termina muriendo, pero como había llevado una vida muy pecaminosa, fue rechazado en el cielo. Y como el diablo le había hecho la promesa de no llevarse su alma, tampoco pudo entrar en el infierno. “¿Dónde iré ahora?”, preguntó Jack, y el diablo le contestó: “Vuelve por donde viniste”. El camino de regreso era oscuro y el terrible viento no le dejaba ver nada, así que el diablo, a modo de burla, le lanzó una brasa que nunca dejaría de arder. Así que Jack ahuecó un nabo (su comida favorita) y puso en su interior la brasa para comenzar a vagar eternamente y sin rumbo en busca de un lugar donde descansar. Entonces pasó a ser conocido como Jack of the lantern o como se diría en irlandés, Jack o’lantern.

Como podemos ver, la historia es cuanto menos curiosa y original. Pero la tradición de poner en la puerta la calabaza tenebrosa tiene un poco más de miga. Originalmente, en la noche del Samhain, los espíritus de los muertos se reunían con los vivos para reunirse con sus seres queridos. Como costumbre, se solía poner nabos tallados en la entrada de la casa para simular que Jack estaba allí y ahuyentar tanto al diablo como a los espíritus malignos. Pero más allá de lo original de la historia, el término Jack o’lantern se refirió originalmente a un vigilante nocturno con farol, siendo conocido su uso a partir de mediados del siglo XVIII, para posteriormente aplicarse a los fuegos fatuos.

Pero si os habéis percatado, la historia cuenta que Jack talló un nabo y no una calabaza y tiene una explicación muy sencilla. Esta festividad original anglosajona, al ser transmitida a Estados Unidos y Canadá, no existía una plantación de nabos o remolachas. Pero en cambio había un exceso de calabazas, que eran mucho más grándes y fáciles de vaciar. Por lo que los norteamericanos tomaron esta hortaliza para realizar sus Jack o’lantern.

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Aun así, esta costumbre de tallar hortalizas no es exclusivo del mundo anglosajón. En Francia existe una tradición similar. Los llamados “guénel” eran faroles tallados en remolachas y usados en el “défilé des guénels” que se celebraba durante el mes de diciembre.
En la Italia continental se encuentran también tradiciones similares donde las calabazas eran denominadas Zozzo.
En Cerdeña se ha conservado una tradición similar de calabazas iluminadas en día de Todos los Santos, las “conca e mortu”, aunque también las hay sin relación con los difuntos.
En España también se ha llegado a hacer algo similar con calabazas y nabos, principalmente para la fiesta de Todos los Santos. Estas tradiciones han llegado escasamente vivas en algunas provincias como Galicia, Castilla y León, Asturias, Castilla-La Mancha, Extremadura, Cataluña y Aragón. En algunos casos se han llegado a recuperar como en Ripoll con la Carbassada.

 

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Akerbeltz: El macho cabrío negro

A lo largo de la historia, y como ya hemos dicho en otros artículos, la iglesia ha manipulado las mitologías paganas para adaptarlas a sus creencias o incluso para convertirlas en algo horrendo y considerado pecado. La historia de Akerbeltz no es una excepción. ¿Quién no ha escuchado alguna vez que el demonio adopta forma de cabra negra antropomorfa y que se reune con los brujos a realizar actos prohibidos? Pues bien, hoy vamos a destapar la verdad de todo esto.

AkerbeltzPrimero nos tenemos que ir al norte de España, ya que es allí donde más pruebas se tienen de estas prácticas. Y remontarnos muy atrás en el tiempo, cerca de los romanos. En dicha época, los pueblos que habitaban el norte de la península estaban conformados por los celtas y los celtíberos, los cuales poseían tradiciones druídicas. No era raro entonces encontrarnos con deidades o espíritus con forma de animales, o incluso que los propios adoradores adoptasen dichas formas para “absorber” su poder. Es aquí donde entra Akerbeltz (aker=macho cabrío; beltz=negro). Según los datos que se tienen recogidos, Akerbeltz era un macho cabrío negro (en algunos casos con forma antropomorfa) que protegía a los animales que tenía a su cuidado e incluso les sanaba de enfermedades. Por esa razón, en muchos lugares era costumbre criar entre los animales un macho cabrío negro. Pero también le encontramos en su faceta más conocida. El akelarre de brujas bailando alrededor de su figura. El origen de la palabra akelarre (aker=macho cabrío; larre=prado) proviene de un prado que se encuentra en la entrada de una cueva en Zugarramurdi (Navarra). En dichos akelarres, los adoradores se reunían, liderados por Akerbeltz, todos los lunes, miércoles y viernes para comer, bailar y realizar orgías como acto festivo. Este tipo de rituales no eran nada fuera de lo común para la época, los cuales seguirán estando presentes como festividad popular hasta la cristianización del imperio romano.

Ya después de la cristianización, la iglesia comienza a transformar las culturas de diferentes regiones a sus métodos, considerando que estos akelarres son viles a los ojos de dios y transformando la figura de Akerbeltz en la del diablo. Pero por supuesto, no todo el mundo estaba dispuesto a renunciar a sus creencias. Pese a la represión y castigo de la inquisición, los akelarres continuaron, e incluso cambiaron de tal manera que se convirtieron en una insurrección contra la religión y el orden establecido, defendiendo las antiguas creencias relacionadas con la espiritualidad de la naturaleza. Según cuentan las leyendas, en los akelarres se parodiaban las misas, adorando y ofreciendo a Akerbeltz pan, huevos y dinero. Akerbeltz predicaba ante sus discípulos y comían carne humana (aunque nunca se ha tenido testimonios de esto). Después de comer y beber en exceso, comenzaba un baile que terminaba en una orgía donde se permitían todo tipo de excesos sexuales.

Por otro lado, si nos vamos a otras culturas, nos encontramos con la misma figura del macho cabrío antropomorfo. Es el caso de Pan en la mitología griega, que era el semidiós de los pastores y rebaños y se le atribuía poderes relacionados con la fertilidad y la sexualidad masculina desenfrenada. O también Cernunnos, dios celta relacionado con la fertilidad, la abundancia y el mundo animal.

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Los mengues

“¡Me cachis en los mengues!” Quizás haya escuchado esta expresión alguna vez, sobre todo si se es o se ha estado por la zona de Andalucía. Pero, ¿qué son los mengues? Si buscamos en el diccionario, solo podemos encontrarnos con que el singular (mengue) significa en américa latina diablo, o más bien, diablo avieso. Pero esto no nos soluciona el de donde viene esta expresión.

Mirando un poco acerca de estas criaturas, averiguamos que son del mundo marino que existía en el origen de los tiempos y que contactan con los humanos penetrando en la mente y produciendo un caos mental de tal magnitud que podemos llegar a pensar que lo que conocemos no tiene sentido, incluso llegando a la locura. Por eso es imperativo no invocar a los mengues ni citarlos para nada, puesto que tienen un oido agudo y van a donde se les nombra.

Mengue de la catedral de Salamanca

Mengue de la catedral de Salamanca

Originalmente el vocablo “mengue” viene del lenguaje caló, propio de los gitanos que penetraron en la península por la bahía de Cádiz (Al-andalus entonces) procedentes de África del norte. Es por eso por lo que la provincia española donde más se usa la palabra “mengues” es Cádiz, en donde son considerados especies de duendes aviesos que vuelan sobre las torres de los castillos y los tejados de las viviendas para colarse por las ventanas y rendijas. Y donde mejor podemos ver su uso es en las chirigotas carnavalescas, teniendo como finalista del 2005 una canción llamada “el torreón de los mengues”.

Pero no sólo en Cádiz han hecho excepcional tradición los mengues. En la norteña provincia de Cantabria estos pequeños diablillos son conocidos como los “caballones del diablo”, y poseen una fuerza hipnótica verdadermaente fuerte para entrar en los humanos y derrumbar sus fuerzas psíquicas.

Pero su origen no solo se remonta a los gitanos, si no más allá. Averiguando en sus raices, el nombre “mengues” está citado en el “libro” escrito por el árabe Abdul al-Hazad en el año 701 en la ciudad de Damasco. Abdul al-Hazad fue un poeta loco árabe que vivió en pleno apogeo de los Omeyas. Este “libro” fue puesto a la luz pública por el célebre escritor inglés H.P. Lovecraft, conocido por relatos de terror y ciencia ficción. Según Lovecraft, dicho libro se llama “Necronomicón”, pero se sospecha que es un invento del escritor y que el libro no existe ni ha existido jamás. Fuertes controversias hay todavía entre los aficionados a la literatura sobre la existencia o no del “Necronomicón” arábigo, ya que se dice que tiene un contenido tan peligroso sobre historias de magia y brujería que el papa Gregorio IX lo prohibió definitivamente y lo incluyó en el Índice de Libros Prohibidos por la Iglesia Católica en el año 1232 (y todo esto sin saberse si existía o no).

Los mengues del Necronomicón nacen de los rumores nocturnos que producen ciertos insectos y que se suponían eran el murmullo de esta clase de diablos. En el libro “Necronomicón” (que traducido al español significa “El Libro de los Nombres Muertos”) se haya el origen más remoto posible del vocablo “mengues” pues pertenece, según las investigaciones, a civilizaciones anteriores a la arábiga del siglo VIII según la fantasía del célebre escritor inglés.

Ya saliendo de la península ibérica nos movemos hacia el Sur, concretamente hacia el África Negra (en el eje que va desde Guinea Ecuatorial hasta Benin), donde estos pequeños diablillos toman el nombre de “djin” y “gul”.
GulEl “djin” (pronunciado daiyin) es un demonio africano que habita en la atmósfera y se le conoce como Demonio del Desierto. Estos “djines” son muy aficionados al vino y a otras bebidas alcohólicas y siempre terminan borrachos mientras se apoderan de la mente de los famosos “poetas del vino” de la antiguedad africana y árabe.
Por otro lado, el “gul” es un demonio necrófigo africano de Guinea ecuatorial que procede de las antiguas leyendas orientales arábigas. Como el “djin”, también habita la atmósfera, pero este concretamente lo hace en los cementerios, donde penetra las tumbas y se alimenta de los cadáveres. El vocablo original de “gul” es, en árabe, “Al-ghul” (demonio), que se tradujo por Algol en los famosos cuentos de Las mil y una noches. Estos “gules” están caracterizados como verdaderos zombies y ahora se han puesto de moda en numerosos cómics, animes y mangas donde practican el vampirismo.

Pero incluso podemos encontrar a estos pequeños diablillos remontándonos a las primeras civilizaciones en torno a los 5.000 años antes de Cristo. En la antigua Babilonia y en los subterráneos secretos de la ciudad de Menfis, así como en la soledad de los desiertos de Arabia del Sur llamados Rub al-Khali (Espacio vacío) y Dahan (Desierto escarlata) podemos encontrarlos revoloteando por la atmósfera con forma de espíritus del aire.

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